En la unión sexual debe implicarse todo el cuerpo, sentimientos, células mente y en suma la dimensión global del ser humano.

Las diferentes implicaciones tendrán su expresión en el alineamiento y activación de los chakras de ambos amantes.

Así, en la raiz de su mutuo deseo y la excitación genital se activa el primer chakra, ayudado ademas por el perfume del incienso y los propios aromas sexuales de cada amante.

Los besos, la estimulación oral, el gusto de la piel fresca y perfumada en las caricias orales, el roce de las lenguas estimula y activa el segundo chakra de los amantes, el swadhistna que corresponde al sentido del gusto y que activa las secrecciones y fluidos genitales.

La contemplación de los cuerpos desnudos, de la belleza de los objetos rituales que se hayan podido poner en la habitación y especialmente la capacidad de “ver” con nuestros sentidos psíquicos la divinidad presente en nuestro amante, activan el chakra manipura que está relacionado con la vista.

Las caricias por toda la piel especialmente en el pecho, tanto del hombre como de la mujer, las sensaciones en el pene, el clítoris y la lengua activan el cuatro chakra o anahata, relacionado con el sentido del tacto.

Los sonidos y grititos de placer, las palabras estimuladoras, los susurros y las expresiones de amor, incluso sentir los latidos acelerados del amante excitado por la pasión despiertan y activan el quinto chakra o vishuddhi, relacionado con el sonido.

Todos estos chakras son estimulados en cualquier unión amorosa convencional que, cuando llega al orgasmo, en ese grito o gemido con que termina activa el chakra superior de la garganta pero raramente va más allá.

Dependiendo de si hemos hecho las cosas bien canalizando adecuadamente la energía sexual al cerebro podremos en un orgasmo extendido activar también los chakras superiores y el tercer ojo aumentando la intuición y la capacidad de clarividencia.

 

© Francisco Torres Perales