El origen de la monogamia viene de muy atrás, cuando se da el paso de las culturas matriarcales, colectivistas y de una agricultura rudimentaria en manos de las mujeres, a las sociedades patriarcales donde se da una agricultura intensiva basada en la explotación de la tierra y el derecho de propiedad sobre ella.
En el origen de la monogamia hay pues una estructura vertical y está basado en la propiedad privada, tanto de la Tierra como de las personas -en el origen de la propiedad está también el origen de la esclavitud y de la explotación del ser humano por otros seres humanos-

Este cambio cultural no fue armonioso sino que fue impuesto gradualmente por nuevos pueblos y culturas que se impusieron sobre estratos de población cuyas orígenes habían sido matriarcales -como el caso de la invasión aria en la India, etc-

Los pueblos patriarcales y dominadores establecieron tipos de sociedad fuertemente jerarquizadas donde la propiedad privada y la autoridad establecidad era lo fundamental. Este concepto de propiedad que, como ya he dicho incluía también a personas convertidas en esclavos- era ejercido también sobre la mujer.

Así, en lo alto de la pirámide se situaba el varón, marido y padre que tenía la propiedad de todo: la tierra, la mujer y los hijos.

Esta necesidad de controlarlo todo y de alguien que ejerza esa autoridad sobre los demás ha sido el pilar básico sobre el que se ha sustentado la familia durante los últimos miles de años; y como el ser humano quiere controlarlo todo, no solamente el presente sino también el futuro, necesita asegurarse que sus descendientes son suyos y no de ningún otro macho merodeador. Como esto puede ser una actividad muy fatigosa y hay otras muchas cosas que hacer, lo más fácil es poner a buen recaudo las hembras, encerrándolas en el hogar y sometiéndolas con leyes que castigan duramente cualquier rebeldía e infidelidad.

Por otra parte durante el matriarcado las mujeres no sólo tenían un mayor poder y prestigio social porque se las consideraba dotadas de poderes mágicos gracias a su capacidad reproductora. También se equiparaba su fecundidad a la propia fecundidad de la Tierra. El caso es que la mujer tenía una total libertad sexual y no había problemas en cuanto a la paternidad de los hijos ya que la figura del padre no existía. Los hijos eran de la mujer, y la herencia y los clanes eran matrilineales.

Esta libertad sexual de la mujer era necesario limitarla totalmente y como las personas que están acostumbradas a las libertades no suelen renunciar a ellas voluntariamente, se produjo en todo el mundo una terrible campaña contra las mujeres, sobre todo las rebeldes, demonizándolas y haciendo creer a todo el mundo que eran seres inferiores y necesitadas de protección. La excusa perfecta para tenerlas encerradas y condenarlas a una permanente minoría de edad.

Así, encerrando a las mujeres para que el marido tuvieses pleno poder sobre ellas y estuviese seguro de su fidelidad, el varón inventó algo tan limitado para la vida sexual como la monogamia.

Así se da la contradicción de que quien es el menos monógamo de todos, el varón, inventa una monogamia que sexualmente no le puede satisfacer y por eso, al final del poblado, en un lugar apartado construye un nuevo hogar diferente al que vive: las casas de placer donde residen una nueva clase de mujeres: las prostitutas y cortesanas.


Esto, más que contradictorio es un tanto hipócrita y como nadie puede soportar sus propias contradicciones es necesario justificarlas dándose un paso más donde se hace a la mujer fuente de todo pecado, perversiones y tentaciones sexuales. ¿Acaso no fueron ellas, las amigas de la serpiente las que nos hicieron perder la inocencia primordial tentándonos con la sensual manzana? -se justificaban así mismo los doctos varones de entonces, tan tranquilos y tan ufanos.

Hoy día todo ese castillo artificial se está derrumbando por momentos de pura ruina que lo corroe y por eso muchos andan diciendo que la familia está en crisis y en peligro; aunque otros, los idealistas de cosas más verdaderas puedan objetar: ¿es que antes ha habido familia en el sentido auténtico y profundo de la palabra familia: democrática comunidad emocional.

Naturalmente que siempre ha habido personas más evolucionadas que han basado su vida en el amor real y la solidaridad, pero siempre han sido las menos y desde el punto de vista social, de las leyes y estructuras que desde el poder jurídico se ha definido a la familia patriarcal, podemos decir con seguridad que nunca ha existido el actual concepto democrático de la familia basada en el amor y la mutua solidaridad, tanto entre esposos como entre padres e hijos.

Esto, a nivel social y general es absolutamente nuevo en nuestra historia. Y como todo lo nuevo, como todas las nuevas metas e utopías no es tal fácil de conseguir.

Antes las parejas funcionaban porque en caso de crisis había uno que tenía la oficial y total autoridad y había una que no tenía ningún derecho ni oportunidad de oponerse a ello. Ahora las parejas quieren funcionar basándose en el amor y la igualdad, teniendo siempre que buscar e inventar soluciones creativas a la contradicción básica que existe entre las necesidades de libertad personal y la responsabilidad solidaria que nos liga a la pareja. Así, el matrimonio aspira a dejar de ser un mero contrato material para convertirse en un profundo vínculo emocional entre dos personas y su descendencia.

Lo curioso es que desde este punto de vista tan nuevo la monogamia tiene un rostro más humano e incluso más necesario, porque crea un marco donde pueden darse con más facilidad este tipo de relaciones emocionales profundas más que en situaciones de mera promiscuidad sexual. Lo contradictorio es que en este clima de libertad, tolerancia y búsqueda de la satisfacción personal en que quiere basarse la pareja, las necesidades y libertad individuales y la presión erótica de los continuos estímulos sexuales en que vivimos afectan y desestabilizan a la pareja mucho más que antes; aparte por supuesto de los diferentes criterios y personalidades individuales.

Creo que no se puede afrontar la construcción de un ideal de pareja o de relación humana de íntima convivencia sin afrontar el hecho de la necesidad de novedades sexuales que siempre ha sentido el hombre y también la mujer, aunque ahora se despierta y manifiesta todavía más en ellas.

Por eso, el ideal de relación tántrico puede aportar mucho en este momento histórico porque no es una alianza para la seguridad material como las uniones de antes, ni tampoco es una alianza para la seguridad emocional sino una alianza para el crecimiento global y total de cada una de las personas.

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