2ª Lección: El Sentido de la Vida y las heridas del Alma

En el capítulo anterior hablé del Niño Interior que vive dentro de nosotros y que representa nuestra capacidad y talento natural para amar y gozar de la vida. Hablé de su gran potencial que es necesario rescatar porque este don puede haber sido desvirtuado por determinadas circunstancias de la vida.

Una de las principales dificultades que podemos tener para lograrlo son las heridas de nuestra alma, el dolor, las dificultades, experiencias negativas, la educación represora y los diferentes contratiempos que pueden desvirtuar esa alegría y talento natural de nuestro Niño Interior para guiarnos hacia el gozo y la felicidad natural.

Es más, nuestro Niño Interior puede convertirse en alguien realmente asustado que vive dentro de nosotros, buscando y necesitando siempre una seguridad externa que nos impide tener seguridad en nosotros mismos y, lo que es aún peor, puede estar lleno de rabia, rencor y, como un Niño Herido, empujarnos a desconfiar, recelar de todos, estar siempre a la defensiva e incluso tratar mal a los demás.

En suma, nuestro Niño Interior puede estar dentro de nosotros muy asustado o incluso rencoroso por las heridas y dolores que hayamos podido tener en la vida.

Está claro que uno de los principales obstáculos que impiden la expresión de nuestra luz, nuestra alegría y confianza en la vida son las posibles heridas y dolores que apesadumbren nuestra alma. Por lo tanto, si queremos recuperar su fuerza debemos de saber afrontar las pruebas y el dolor de la vida con una actitud sabia y creativa, además de saber curar las posibles heridas emocionales que tengamos.

¿Cómo?. El procedimiento más sencillo es pedir ayuda a un especialista competente, sea un psicólogo, astrólogo evolutivo o terapeuta cualificado, pero como en este curso pretendo dar los instrumentos básicos para avanzar por vosotros mismos, la meta de esta lección es ayudar en este propósito.

Lo mejor que podemos hacer es tomar consciencia de las posibles heridas, rencores, bloqueos o rigideces que pueda haber en nuestro interior y después, para poder sanarlas, no proyectar en nadie la culpa de todo eso, ni en los demás ni en nosotros sino en comprender que las dificultades forman parte de la propia dinámica de la vida.

EL MITO DE QUIRÓN

Para aportar un poco luz en este proceso voy a contar primero una hermosa historia, la de Quirón, el Sanador, después analizaremos juntos sus claves y enseñanzas. La Herida Inmortal En los mitos griegos Quirón era un centauro, un dios inmortal que vivía en la Tierra y que fue maestro y mentor de muchos héroes griegos: Jasón y Ulises entre otros.

Era un gran sabio que dominaba todos los conocimientos clásicos de la antigüedad pues era chamán, sanador, filósofo, astrólogo, etc.

Una vez fue herido accidentalmente por una flecha envenenada de Hércules, su gran amigo. La herida era mortal de necesidad y cualquier humano hubiese fallecido al recibirla pero Quirón era un dios y por lo tanto inmortal. Entonces Quirón tuvo que enfrentarse a una situación realmente dramática.

Como su herida era mortal no podía ser curada, produciéndole siempre un terrible dolor pero como era un dios inmortal no podía morir a causa de ella. El resultado es que estaba condenado a un dolor eterno, ni siquiera tenía, como los mortales, el consuelo de que podría morir y descansar de su tormento.

Esa dramática situación no tenía solución posible y todo invitaba a un lamento y amargura permanentes y eternos pero Quirón, en vez de malgastar su tiempo y energía con inútiles lamentaciones o dirigir su dolor y rabia a los demás, como hacen muchas personas, decidió tomárselo con filosofía y encontró en su terrible experiencia una gran enseñanza que le hizo comprender la naturaleza profunda del dolor y las causas del sufrimiento de los humanos, convirtiéndose en un gran sanador cuyo nombre ha perdurado en los tiempos y está ligado incluso a la medicina actual.

Esa actitud le ayudó a superar su propio dolor, a convivir con su herida inmortal. De los Sufridores Este mito nos invita a reflexionar sobre el dolor en el mundo. En la lección del Niño Interior os hablé de que todos nacemos llenos de luz y de amor buscando la belleza y el gozo de la vida, pero el mito de Quirón nos dice que también existe el dolor, la tragedia y hechos terribles en la vida de los humanos que es necesario comprender para poder superarlos.

Lo primero que destaca en el mito es que Quirón es herido accidentalmente por su gran amigo Hércules. Esto tiene dos lecturas, la primera que no debemos buscar culpables en el origen del dolor en el mundo ya que es parte del proceso de la vida y la evolución, al igual que la noche es el complemento del día.

Lo segundo es que las mayores heridas nos la producen, sin quererlo, personas que nos aman y que amamos y que tampoco aquí debemos buscar culpables porque ellos, quienes nos hieren, han sido víctimas también.

Sufridores, Heridores y Sanadores

Recordemos que todos nacemos Niños iluminados por una hermosa sonrisa hasta que somos heridos de una u otra manera, más tarde o más temprano porque esto es inevitable. Cuando recibimos la herida sufrimos y atravesamos la primera etapa en el camino de la evolución a través del dolor: SOMOS SUFRIDORES.

Hay personas que expresan abiertamente su dolor, otras lo callan y aguantan pero todos sufrimos los males o carencias que padecemos. Hay personas que incluso agrandan su propia sufrimiento como una forma de llamar la atención, sentirse importantes o agarrarse a lo único que tienen. Hay otras personas que no pueden resistir su dolor y lo proyectan en los demás. De los Heridores

El problema es que el dolor no nos deja indiferentes y produce en nosotros una reacción emocional. Nos hace sentirnos mal y si permanece en el tiempo necesitamos hacer algo para olvidar nuestro dolor, tenemos que lanzarlo fuera, pasando entonces a ser HERIDORES.

Esta es la respuesta y el problema de muchas personas que sólo han conocido sufrimientos, abusos y humillaciones en su infancia y su vida; eso es lo único que tienen dentro y no pueden dar otra cosa a los demás.

Lo que la moderna psicología y las estadísticas sociales han demostrado es que gran parte de los maltratadores y abusadores de los demás, fueron maltratados y abusados anteriormente. Fueron primero Sufridores para convertirse después en Heridores.

Siendo HERIDORES de los demás, sentimos una especie de alivio, primitivo y efímero claro está, pero es cierto que el dolor de los demás nos hace olvidar el nuestro y sentirnos más poderosos. Naturalmente que esto no cura nuestro dolor, es sólo un pobre y efímero consuelo. Es, además de inútil, muy peligroso porque fomenta el dolor en el mundo y para algunas personas puede ser una especie de droga que les haga sentirse más fuertes y olvidarse de sus propias miserias, pero como es lógico de comprender, con esta actitud extendemos aún más el dolor por el mundo y hacemos la tierra más inhabitable.

Superar esta fase puede llevar mucho tiempo a algunas almas pero al final la luz siempre llega y pueden tomar conciencia, pasando así a una nueva etapa en su evolución.

De los Sanadores

Más que desahogarnos inútilmente con los demás, la nueva dimensión de la conciencia se abre cuando comenzamos a comprender que el dolor comparte con la alegría y el gozo un papel en esta tierra donde hemos venido a aprender. Entonces tendemos a buscar una comprensión intelectual o espiritual de la vida y de nuestro propio dolor y, por extensión, del dolor humano en general. Éste es el efecto más beneficioso de Quirón y nos convierte un poco en filósofos Es decir, ante el dolor, las pruebas y las dificultades de la vida, es necesaria una adecuada filosofía positiva para poder superarlo.

Entonces tenemos una actitud positiva ante el conflicto y eso, además de curar nuestras heridas ayuda a curar las heridas de los demás. Pasamos entonces de ser primero sufridores, después heridores para convertirnos al final en Sanadores. La verdad es que sólo una visión más amplia de la vida puede ayudarnos a hacer frente a la herida y una visión realmente amplia significa comprenderla y amarla en sus dos caras: la que aporta placer y satisfacciones y la que exige esfuerzo y nos plantea retos; entender que el nacer y el morir, el llorar y el reír, son las dos caras de una misma moneda nos hace realmente sabios y comenzamos a trascender la dualidad.

Encontrar el Sentido de la Vida Lo que trasciende esta dualidad y nos ayuda a superar cualquier problema es encontrarle el sentido, el significado que ese reto, lucha o dificultad tiene para nosotros.

Si nos entretenemos culpando a los demás de nuestras dificultades, dolor o problemas perderemos un tiempo y una energía muy valiosos, si avanzamos en la comprensión del porqué nos sucede esto, en fórmulas de superarlo y en qué debemos aprender o qué cosa necesita nacer en nosotros para salir adelante, estaremos usando creativamente la energía y podremos curar nuestras heridas o superar las dificultades.

Cierto es que hay heridas que permanecen, que difícilmente puede ser sanadas como algunos traumas terribles que algunos padecieron en su infancia, entonces, como Quirón, debemos aprender a comprender y convivir con nuestro dolor y que eso nos ayude a comprender el dolor de los demás.

Cierto es que también hay situaciones en las que es muy difícil encontrar un sentido, como cuando se padece una grave injusticia o persecución, pero es justamente en esos momentos cuando más necesitamos encontrar un sentido a nuestra existencia para poder superarlo.

Victor Frankl, en su libro “Man’s searches for meaning” nos cuenta su terrible experiencia en los campos de concentración nazi. Una experiencia espantosa para la que es muy difícil encontrar un significado o sentido salvo el del propio horror. Pero en esa espantosa realidad Frankl observó que aquellos que tuvieron fuerzas para superarla y sobrevivir era porque tenían un sentido para su vida: bien su fe religiosa, bien aguantar porque debían volver con su familia o cualquier otra cosa.

El cuenta que todo aquel que no veía en su vida ningún significado, propósito, meta u objetivo era un hombre muerto a muy corto plazo, mientras que otros, quizá más débiles de cuerpo, encontraban en el significado unas fuerzas enormes para superarlo todo. Para Victor Frankl, el sentido de su vida en ese momento era sobrevivir para poder contar a la humanidad los horrores que había vivido y, aunque muchas veces estuvo a punto de sucumbir, su fe en su propio destino le hizo seguir adelante y sus visiones se cumplieron años después cuando comenzó a escribir libros y dar conferencias por todo el mundo contando su experiencia.

El dolor que había vivido le ayudó también a aliviar a los demás de otros dolores. Algo muy parecido a la historia que os he contado de Quirón.

Nietzsche dijo un día que “quien tiene un porqué puede soportar cualquier cómo” y, aunque afortunadamente no es común que debamos enfrentarnos a experiencias tan terribles, todos tenemos que afrontar alguna vez a experiencias dolorosas o dificultades más o menos grandes; esos momentos ponen a prueba nuestra capacidad de amar y de ser también creativos.

Para superarlos más fácilmente debemos encontrar un porqué para vivir: el de seguir adelante, el de buscar fuerzas sabiendo que tras la noche siempre hay un nuevo día que nos espera, el de crecer y aprender, el de encontrar siempre un sentido para nuestra vida.

De una forma más cotidiana, en vuestras relaciones afectivas siempre nos tenemos que enfrentar a algún roce, a alguna herida involuntaria que hacemos y nos hacen personas que amamos y nos aman, a roces, imperfecciones y mutuas debilidades que si les damos demasiada importancia pueden amargar la mejor de las convivencias.

Para poder superarlas nada mejor que encontrar un sentido: el del amor, la convivencia, la familia, el crecer juntos o el simplemente hacerte mejor y más fuerte como persona. Cada persona es un mundo rodeado de infinitas circunstancias, encontrar el sentido de tu vida y de todo lo que te ocurre es el reto de toda vida pero, más allá de las múltiples diferencias hay algo que nos une a todos como seres vivos: el sentido de toda vida pasa porque tus necesidades más naturales sean satisfechas y el reto más hermoso es luchar para conseguir que sean realidad tus sueños más nobles.

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© Francisco Pedro Torres Perales