Si queremos empezar a descubrir la esencia del amor debemos viajar a sus orígenes y la mejor imagen que podemos forjarnos es la sonrisa abierta y gozosa de un bebé, esa risa franca y espontánea con que ellos recompensan cualquier caricia o gesto amable y las atenciones que les profesan sus padres.

Sí pudiésemos recuperar esa naturalidad perdida no tendríamos que aprender nada del amor porque lo viviríamos en y desde nuestro interior.

La imagen de un bebé contiene el concepto más puro y más esencial del amor porque el niño está fusionado con la vida, se siente y es parte de ella sin nada intelectual ni mental que los separe y la vida del bebé, si está sano y bien atendido, es la expresión del gozo en su versión más plena y natural.

AQUÍ TENEMOS LA PRIMERA CLAVE PARA EL GOZO NATURAL. SENTIRSE FUSIONADO CON LA VIDA, SENTIRSE PARTE DE SU INMENSO PODER.

El bebé siente mejor que nadie la satisfacción y la dicha de descubrir y experimentar la vida, de ser alimentado cuando tiene hambre, de tocar la piel de su madre y ser acariciado también, de descubrir los sabores, los olores y experimentarlo todo tal y como es, en su más pura esencia.

Naturalmente que esto es posible gracias a que el bebé es puramente sensorial y no hay todavía un universo mental que lo separe de la vida o condicione su forma de vivirla; también porque es cuidado, amado y atendido por sus padres con el más puro amor y sin condicionamientos mentales y culturales.

Esto hace que pueda estar en ese estado de permanente confianza que hace posible la gracia.

Esta es la siguiente clave para el Gozo Natural: LA CONFIANZA.

Su forma de amar y vivir, la del bebé, es realmente tan natural como simple: sonríe cuando sus necesidades básicas son satisfechas, incluidas la de cariño y ternura, mientras que llora o protesta cuando le falta algo esencial para su vida.

Naturalmente que ni se entera de que pueda faltarle algo superfluo.

Quizá me diréis que esta forma de amar es demasiado primitiva y es bastante fácil de conseguir, que eso lo hace cualquiera pero no creáis que cosa tan simple y natural es algo que consigamos todos cada día.

¿Seguro que respondéis siempre con una sonrisa cuando la Vida satisface vuestras necesidades básicas y os quieren dar cariño y ternura?.

Si es así me alegro porque muchas veces somos tan desconfiados, estamos tan crispados, tan preocupados, tan a la defensiva, tan rígidos, tan obsesionados y con tantas cosas que nublan nuestra percepción que lo más sencillo y lo más básico que tenemos cada día sencillamente ni lo valoramos, habiendo muchos gestos cariñosos de las personas que nos rodean que pasan totalmente desapercibidos para nosotros e incluso los rechazamos.

“Déjame tranquilo ahora, no estoy para besos porque ando muy ocupado, preocupado, enfadado contigo, etc”

¿Seguro que siempre expresáis de una forma natural y espontánea vuestras emociones, vuestras necesidades y quejas?,

¿siempre expresáis naturalmente vuestro dolor, vuestro enojo o decís bien claro qué es aquello que os falta?.

Si es así, si sacáis fuera vuestras emociones negativas de una forma natural y calmada sin tener que llegar al drama, me alegro por vosotros y por las personas que os acompañan porque algo tan simple es difícil muchas veces para algunas personas que por miedo, complejos, gusto por el sacrificio, timidez o por tantos otros motivos son incapaces de expresar naturalmente y en su momento el dolor, el enojo o sus más básicas necesidades.

No lo hacen, callan y sufren por dentro hasta que estallan en una tormenta peor o llegan incluso a enfermar.

Como veis esa forma tan sencilla, simple y natural que tienen de amar y amarse los bebés no es tan fácil de lograr para algunos de nosotros y mucho menos responder con su hermosa sonrisa a los gozos más sencillos y naturales que la Vida nos da.

¿Cuál es su secreto? Para el bebé no existe otra cosa más que aquello que está haciendo o recibiendo en ese momento.

Si es acariciado por su madre no existe más que esa mano cálida rozando su piel, si está siendo alimentado no existe otra cosa más que la gratitud de su cuerpo por recibir el necesario alimento. El bebé no está pensando en ninguna otra cosa, no está preocupado por el mañana, por el dinero o el trabajo, en realidad no piensa en nada y simplemente siente y cuando es agradable aquello que siente sonríe lleno de luz y de dicha mientras que si es desagradable protesta de una u otra manera en una expresión natural y espontánea.

El bebé es pues la personificación del instinto natural con que nacemos para buscar lo agradable y rechazar lo que no lo es. Simboliza la capacidad natural con que todos nacemos para gozar de la plenitud de la vida. Capacidad que puede ser distorsionada y traumatizada con la educación y la experiencia posterior.

Con este don tan hermoso y sencillo todos hemos nacido, aunque cuando la mente comienza a llenarse de contenidos gracias la educación y la experiencia, armas de doble filo, ESE NIÑO INTERIOR que llevamos todos queda oculto bajo una capa de ideas y remolinos mentales que no nos dejan ver su luz, que no nos dejan apreciar la hermosa sonrisa con que saluda a la Vida.

RESCATAR ESE NIÑO INTERIOR QUE LLEVAMOS DENTRO, recuperar para nuestra vida de adultos su capacidad para el gozo, para el juego y para experimentar sensorialmente la vida es una de las metas de muchos procedimientos terapéuticos y algo totalmente necesario tanto para amarse uno mismo como para amar a los demás. Es una de las metas en todos los cursos que hacemos en la Escuela del Amor y una de las condiciones necesarias para cualquier buen amante y practicante del Tantra.

EL PRIMER AMOR

No creas que he empezado con la imagen del bebé por casualidad sino porque en ella y en esa primera etapa de nuestra vida están los cimientos sobre los que se construye todo el edificio del amor en que trataremos de alojarnos durante el resto de la vida.

Todos nacemos con ese don, con esa gracia, el bebé, nuestro Niño Interior simboliza la Luz Pura del Amor con que todos encarnamos en esta Tierra, una Luz que nos invita a fascinarnos con la hermosa belleza de la vida y a gozar de ella de una forma natural y agradecida.

Nuestra primer amor fue nuestra madre y la forma en que fuimos tratados en nuestra primera infancia forjó nuestros primeros recuerdos emocionales. Nuestra primera referencia en lo que se refiere al amor y las relaciones de pareja fueron nuestros padres por un doble motivo: Por la forma en que nos trataron y también por la forma que tuvieron de relacionarse entre ellos.

Influencias y moldes que de alguna manera influirán en nuestra forma de amarnos y también de amar, por lo tanto en nuestra relación de pareja.

Nuestra primera impresión sobre lo acogedora o áspera que puede ser la vida se forjó en la satisfacción o insatisfacción de ese impulso natural de buscar lo agradable y satisfacer nuestras necesidades básicas con que nacemos todos.

Si fue agradable tenderemos a sentir de una forma subconsciente que la vida puede ser un lugar para pasárselo bien, si fue más o menos dramática y hubo muchas carencias, podremos pensar de una forma subconsciente que la vida no es un lugar divertido y habremos desarrollado estrategias defensivas de rigidez, desconfianza o de rechazo.

Además, sobre esas vivencias que permanecen subconscientes construimos el edificio de nuestro amor que luego habitaremos de adultos, pero más allá de lo negativa o positiva que haya podido ser la experiencia, el Niño Interior permanece dentro de nosotros esperando ser rescatado, esperando mostrarnos su luz y su sabiduría natural, su capacidad para la belleza y el gozo, esperando mostrarnos esa hermosa sonrisa que devuelve la luz de la vida como si fuese un espejo.

Para los positivistas sólo existe esta clase de amor, es decir la tendencia al placer y buscar lo agradable de la vida rehusando lo que no lo es; para ellos las demás clases de amor son meras proyecciones o sublimaciones de este instinto natural que si es dañado hará que de adultos no sepamos acertadamente hacernos agradable la vida e incluso hacer que nos la compliquemos sobremanera; es decir, que si ese instinto natural es distorsionado hara QUE NO SEPAMOS AMARNOS y por lo tanto NO SEPAMOS AMAR A LOS DEMÁS.

Personalmente creo que el amor es una fuerza sin nombre que une y cohesiona a todo el Universo pero que puede ser definido y nombrado de diferentes formas dependiendo de cómo se manifiesta.

En la página titulada la Montaña del Amor invito a un paseo por las diferentes manifestaciones del amor que metafóricamente asiento en los diferentes niveles de la montaña, quien no la haya visitado debe hacerlo para complementar esta lección y al menos leer lo referente al Amor Nutridor que es el que corresponde a esta clase de amor de nuestro Niño Interior del que estoy hablando.

Lo que sí es cierto es que al igual que la montaña se sostiene y asienta sobre la amplitud de su base o sus faldas, las demás clase de amor se asientan sobre nuestra capacidad de nutrirnos con lo bello y agradable de la vida, sobre esta clase de amor de la que estoy hablando.

Esto es lo que nos dará fuerzas para seguir subiendo hacia lo más elevado.

Lo que también es cierto es que en nuestra infancia somos nutridos por la madre, la familia en general y posteriormente por la escuela, la sociedad y los amigos, y cuando digo nutridos me refiero a llenados de contenidos mentales, de ideas, sentimientos, impresiones y sensaciones que como agua que va llenando el pozo de nuestra alma, va cubriendo poco a poco la luz naturalmente sabia del Niño Interior que llevamos dentro.

Para algunos este agua acumulada será tan límpia que no ocultará la luz de su reflejo, para otros, llena de remolinos e impurezas, no lo dejará ver su luz. Para todos quiero dejar el mensaje de lo importante que es rescatar esa Sonrisa Interior.

Ahora, porque soy adulto y debido a mi experiencia sé que la vida es mucho más compleja, que hay cosas desagradables y otras que no lo son.

Esa madurez me diferencia de los niños y me hace más fuerte y más capaz para afrontar los posibles rigores del destino pero cuando quiero amar, cuando lo que busco es amar y ser amado, cuando quiero experimentar el verdadero gozo y la plenitud, necesito más que nunca la Sonrisa del Niño Interior para llenarme con su gracia y ofrecerme ese don a mí mismo y a los demás.

Cuando digo que debemos rescatar al Niño Interior y su luminosa sonrisa no me refiero a que tengamos que volvernos inmaduros e infantiles, no me refiero a volver a ser frágiles y dependientes, no tenemos que renunciar a la madurez y la experiencia pero sí hacer un hueco en nuestra vida a la necesidad de belleza, de gozo y de placer.

De hecho ese Niño Interior necesita al adulto maduro y responsable para tener la sensación de seguridad y protección que necesita para poder actuar pues una de las razones para que viva replegado en nuestro interior es precisamente su miedo a lo dura que puede ser a veces la vida. Recordar en este punto que las claves de la vida nunca son unilaterales, es decir, una llave o un poder determinado necesita para ser operativo a su complementario.

Así, el Niño Interior necesita también a la persona madura y responsable para sentirse protegido. Ya sé que pueden ser dos fuerzas o tendencias opuestas pero entre lo opuesto y lo complementario existe una débil frontera que es lo que separa el fracaso del éxito.

¿Cómo conseguirlo?, ¿cómo hacer que la experiencia sea sólo sabiduría y no rigidez y amargura?, ¿cómo recuperar esa inocencia perdida que me puede hacer sentir cada beso como si fuese el primero?, ¿cómo sanar las heridas que impiden el regocijo y la alegría?

El Niño Interior vive en ti como un foco de luz dentro de un profundo pozo de aguas turbias y revueltas por los remolinos de la vida, si buscásemos la paz, si encontrásemos el bálsamo de la serenidad podríamos ver en el fondo su hermoso rostro y alegrarnos con la luz de su sonrisa.

Ya sé que si todo hubiese sido hermoso y perfecto nunca hubiésemos perdido esa alegría pero yo, lo que he querido decir con todo esto es que nunca se ha perdido del todo sino que está ahí, dentro de nosotros esperando ser rescatado.

Y como hacia esa luz gozosa quiero guiaros, en mi próxima entrega os hablaré de un personaje que con sus bálsamos mágicos lo cura todo para que vuelva a brotar la alegría.

Rescatar a su Niño Interior será más fácil para algunas personas que para otras dependiendo de las experiencias que haya tenido y es posible que no se consigua en un día pero si mis palabras de hoy tienen alguna utilidad, al menos será un planteamiento y una meta para quien le haya convencido. Si algo te convence y te motiva lo suficiente para planteartelo como meta lo conseguirás si perseveras en ello, pero si no te motiva ni te lo propones está claro que no.

Rescatar a tu Niño Interior no es algo abstracto sino que se manifiesta en actitudes a cultivar muy concretas que te recuerdo a modo de resumen:

CAPACIDAD DE AGRADECIMIENTO -la sonrisa- Saber agradecer las cosas buenas y también sencillas que te suceden cada día, desde el alimento que disfrutas hasta las buenas palabras y gestos que te dedican los demás.

-CAPACIDAD DE ILUSIONARTE CON LA VIDA.– Tu Niño Interior es siempre joven tengas la edad que tengas y su fuerza, la fuerza de su juventud está en afrontar la vida con ilusiones renovadas mientras que la decandencia y la muerte se manifiestan en no tener ilusiones, en estar harto y hastiado de todo. Encuentra ilusiones, metas, sueños y esperanzas por los que luchar y sentirás toda su fuerza y su plenitud dentro de ti.

CAPACIDAD PARA EXPRESAR NATURALMENTE TUS SENTIMIENTOS.- Ríe con tu alegría y expresa serenamente tus temores, tus deseos, tus anhelos y aquello que te desagrada a tu pareja o las personas que conviven contigo. No te lo guardes, no te envenenes ni reprimas lo natural en ti. Si tienes que expresar algo negativo hazlo con delicadeza pero dí siempre lo que sientes.

CAPACIDAD PARA SENTIR Y GOZAR DE TUS SENTIDOS.– Tu Niño Interior te sorprenderá con su capacidad sensorial. Su capacidad para el gozo no está localizada en ningún órgano en concreto por muy genital y erógeno que sea sino en cada poro de tu piel. Si eres capaz de sentir así y de amar así serás un gran amante y gozarás una plenitud total con tu pareja.

CAPACIDAD PARA JUGAR, PARA EL HUMOR Y LA GRACIA.- Cierto es que la vida de adulto exige responsabilidades y tomarse las cosas realmente en serio. No prescidas de eso pero resérvate un tiempo, un día, unas horas para el juego, para no darle importancia a las cosas, para reirte y llenarte con la gracia de tu Niño Interior. Creo que te he dejado trabajo para estos días.

Si mis palabras han tocado algo dentro de ti deja que surjan espontáneamente tus emociones y siente dentro de tu corazón ese Niño Interior que te está llamando. Si perseveras y le abres la puerta de tu vida acudirá, si encuentras resistencias dentro de ti ten paciencia porque lo coseguirás.

Esta es la primera lección y ya tienes cosas en las que trabajar. Mientras que llega la segunda te invito a meditar, a cerrar los ojos, a respirar profundamente y a ver dentro de ti el niño luminoso que un día fuistes, te invito a que te regocijéis con su sonrisa, a que sientas su espontaneidad, a que sepas apreciar lo hermoso y sencillo que la vida te da. Si consigues rescatarlo serás más feliz como persona.

Tendrás una mejor relación de pareja. Y una mayor capacidad sensorial para el gozo y el placer erótico.

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©Francisco Pedro Torres Perales