Mas allá de la dualidad

 

Una pareja es una de las expresiones más puras de la dualidad manifestada claramente en los dos polos que unas veces se atraen y otros se repelen porque cada miembro de la pareja necesita ser individual, es decir ser él mismo y a la vez necesita ser global, es decir sentirse parte de algo, sentirse parte de alguien y viceversa. 
Platón decía que la búsqueda del amor es la búsqueda de Dios, es decir de la globalidad. Por eso proyectamos esa necesidad en nuestra pareja queriendo que lo sea todo para nosotros y también serlo todo.
Una idea tan equivocada como peligrosa porque aunque en algún momento, gracias al misterio del amor y del sexo, podamos sentir esa plenitud global con nuestra pareja eso es solo una parte de la realidad porque la individualidad necesitará tarde o temprano manifestarse.
Cierto que puede ser duro descubrir que no podemos ser el todo para nuestra pareja pero a partir de esa revelación podemos seguir trabajando juntos para alcanzar el verdadero Todo e incluso en el camino podemos llegar a fusionarnos y alcanzarlo más fácilmente.
Así es la pareja tántrica. Han sido iniciados en el misterio del amor y saben que el sentido profundo y espiritual de las relaciones es hacernos crecer como personas y también como pareja.
Entonces, todo lo que asumen juntos, sus alegrías y sus pesares, sus esperanzas y sus desilusiones, lo viven e incluso lo celebran como una oportunidad de crecimiento.
Y a veces una pareja necesita algún terremoto que les conmocione para romper la rutina y que puedan hablar las almas.

 

De la posesión al amor

Si la otra persona en cuestión no nos pertenece, ¿Podemos exigirle sernos fiel eternamente?

Creo que todos estamos de acuerdo en que el camino del amor verdadero no debe ser planteado desde el miedo o la exigencia sino desde la libertad personal y de la conciencia.

Pero también todos sabemos de esa soledad del alma que necesita tanto del abrazo de los demás y especialmente de quien ama y de tantas necesidades del cuerpo y de la mente que hacen absolutamente difícil no esperar nada de nadie y menos de tu pareja.

Solo el amor divino es capaz de dar permanentemente porque se nutre directamente de la totalidad.

El amor humano necesita recibir para poder dar y vivir así con paz y armonía. 

Por lo tanto, como seres humanos siempre esperaremos algo de nuestra pareja y debemos aceptarlo como válido y natural, ya que es desde esa necesidad de los demás, desde la que se forjan todas las alianzas humanas.

 

De la fidelidad a la lealtad

 

Una de las cosas más importantes que esperamos de nuestra pareja es la lealtad.

Sin ese sentimiento profundo de que las almas, más allá de cualquier diferencia, son realmente leales, no se puede llegar muy lejos en ningún tipo de relación, salvo al territorio del desencanto e incluso al enfrentamiento.

No debemos confundir lealtad con fidelidad.

La lealtad es un sentimiento profundo, es el único lazo que puede unir permanentemente a las almas en su caminar evolutivo.

El cuerpo muere y todo su contenido erótico. Los intereses que construyeron juntos se disuelven y todo puede convertirse en cenizas pero la lealtad que forjaron esas almas no se destruye y las mantiene unidas vida tras vida. 

La lealtad es lo más valioso de cualquier relación. Un tesoro que solo se templa en el yunque del tiempo y las pruebas compartidas, como los buenos aceros.

El concepto que tenemos de fidelidad es tan frívolo como el de infidelidad porque es un concepto cultural y por lo tanto aprendido. No pertenece a los valores del alma sino a los de la mente.

Y un ejemplo lo aclarará enseguida.

¿No creéis que en el dolor que sufre la persona a la “que le han puesto los cuernos” utilizando una expresión tan humillante como cultural, hay mucho de sentir vergüenza frente a los demás?; ¿de sentirse menos valorado? ¿del qué van a pensar de mí ahora?. ¿No hay en esa expresión del “cornudo” un intento de mofa y burla de la persona por lo que le ha pasado?.

¿No creéis que tras las decisiones más duras que podemos adoptar ante la situación está también ese condicinante social de pensar: no voy a quedar como un tonto?.

Creo que gran parte del dolor de la infidelidad se vive en la mente  y por eso despierta con  tanta facilidad el león del orgullo.

Mientras que la lealtad va del alma a la mente invitando al perdón, la fidelidad va de la mente al alma invitando a la ruptura; entonces es cuando el alma sufre.

 

Del amor al perdón
La lealtad se vive en el alma y conmociona al ser invitando siempre al perdón.

Decía Peter Ustinov que “el amor es un acto de perdón interminable”.

Está claro que sin perdón no hay amor, ni  jamás las almas hubiesen forjado juntas lazos de lealtad.

Porque la lealtad no es como ese pelotazo de irrealidad que te viene cuando te enamoras.

No es algo que puedas descubrir en un día para quizá perderlo a la semana siguiente. Es algo que solo forjan juntos el dolor y el gozo, el amor, el perdón y la búsqueda continua de la verdad que va rompiendo uno a uno todos los espejismos de la mente.

Quiero terminar este mensaje diciendo lo que hago en mi consulta cuando alguien me viene con una cuestión así.

Le pregunto a la persona ofendida por qué ha venido a mí y no a un abogado para iniciar los trámites de divorcio.

Entonces reconoce que al menos hay una parte de su ser que le gustaría que la relación siguiera adelante.

Mi deber, como profesional, es ayudar a que esa pareja siga adelante y que sea lo más feliz posible.

Les hago ver que si tienen que separarse no deben verlo como un fracaso e incluso que su separación debe surgir también de la mutua aceptación y del perdón.

Incluso aunque yo no puedas aceptarlo como amante debes perdonarlo como persona para dejar vuestra relación limpia, sin culpas y sin karma; para liberar a la otra persona de la culpa y a ti del dolor que te ha dejado.

Pero que si quieren seguir juntos tienen la obligación de seguir creciendo para poder ser más felices.

Sólo aconsejo que una relación se rompa en caso de que sea realmente destructiva para alguno de los dos polos.

Y para terminar, para hablar de amor, de espíritu, de perdón y de evolución…

Y dado que los hombres son los que más fama tienen de infieles…

Quiero contar lo que me expresaba una de las últimas personas que me pidieron consejo.

Era un hombre cuya mujer se había quedado embarazada de otro hombre.

¿Me preguntaba si podría perdonar a su mujer?…

Y preguntaba algo mucho más importante…

¿Si podría querer a ese hijo como suyo?…

Me parece que el solo hecho de planteárselo es una gran lección de amor espiritual

Con este mensaje no pretendo justificar nada ni a nadie, tan solo que como decía al principio: una pareja es la expresión más pura de la dualidad y nunca se debe abordar cualquier problema de una forma unilateral.

Todos tienen sus razones y no podemos quedarnos en que este o aquel son culpables.

Tan solo he querido abrir nuevos horizontes para que podamos valorar el tema como se merece.

También y no para terminar con el tema sino para dejarlo más abierto, quiero decir que a veces, los grandes amores espirituales se dan en relaciones prohibidas o clandestinas.

 

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Francisco Torres Perales