Nuestro principal órgano sexual está en la mente y aunque la sexualidad se vive a nivel de piel y genitales, el resultado de las caricias, del deseo y de la propia actividad sexual se vive en la mente; así, aunque haya amor, aunque los juegos y la actividad erótica sean las adecuadas, cuando son vividas de una forma monótona y rutinaria comienzan a perder fuerza y entonces puede haber una disminución del deseo y también del placer.

Esto puede ser vivido por la pareja de una forma un tanto dramática y pueden llegar a creer que ya no hay amor entre ellos o que algo grave les está pasando, cuando en realidad esto no tiene por qué ser así y lo que en realidad sucede es que se enfrentan a un proceso natural que puede ser superado. Lo cierto es que muchas parejas mantienen una actividad sexual del tipo rutinario que no tiene la pasión y la intensidad de sus primeros encuentros.

Esto no tiene nada que ver con el amor y los sentimientos que puedan tener la pareja pero la frustración y el desencanto, que puede ser más o menos consciente, si pueden ir minando el propio amor y sentimientos de esa pareja. Lo primero y necesario es ser conscientes de que esto es un problema natural totalmente al margen del amor que pueda haber entre ellos. Identificando de esta manera el problema su amor no se verá mermado y se podran buscar soluciones para aumentar la intensidad erótica de sus encuentros cotidianos.

No se trata de mejorar ninguna técnica sexual porque toda técnica, por muy hábil y eficaz que sea, también puede ser vivida de una forma mecánica y perder gran parte de su efectividad. La única manera que tiene una pareja que por los años de convivencia y de rutina sienten perder el deseo y la intensidad de sus encuentros sexuales es acudir a

LAS FANSÍAS SEXUALES. Por otra parte las fantasías sexuales son algo natural en las personas. Están presentes desde la adolescencia, en pleno despertar erótico del cuerpo y de la mente y su función principal es la de servir de ensayo o experiencia imaginaria de verse realizando cosas que no puede en la realidad. El propio hecho de recrearlas en la mente no sólo sirve como actividad erótica y excitante sino que además da una salida creativa a su fantasía que así puede dejar de ser obsesiva porque es privada de su carga frustrante.

Así, las fantasías eróticas y pueden servir a las personas para aumentar su nivel de excitación sexual viéndose realizar y vivir situaciones sexuales a las que no tiene acceso o no se atreve. Esto, en sí mismo puede ser bastante positivo siempre que no sustituyan a la realidad. El problema de las fantasía, dentro del marco de la pareja, está en cuando son vividas unilateralmente.

El marido o la mujer se imaginan cosas que no comparten porque pudor, miedo, falta de confianza o por temer dañar a su pareja. Así, el marido o la mujer pueden imaginarse que hacen el amor con otra persona cuando en realidad lo están haciendo con su cónyuge. Este tipo de fantasías unilaterales pueden ser útiles individualmente pero no son favorables para la pareja en sí y pueden incluso fomentar aún más la distancia entre ellos. Otra cosa totalmente diferente es cuando

LAS FANTASÍAS ERÓTICAS DE CADA MIEMBRO DE LA PAREJA SON COMPARTIDAS E INCLUSO VIVIDAS POR AMBOS. Cuando la pareja consigue esto, cuando llega a un nivel de amor, lealtad y confianza que lo permite, es cuando realmente ambos pueden disfrutar de sus mutuas y comunes fantasías sexuales, aumentando su nivel de placer, de excitación y de gozo sexual.

Para poder lograrlo lo primero que deben aceptar es la naturalidad del fenómeno. Comprender que es algo al margen del amor que existe entre ellos y que sólo es producto del deseo natural de novedad, variación y necesidad de nuevos estímulos que todos los humanos tenemos en todos los aspectos de la vida, seamos hombre o mujeres.

Comprender que esas fantasías naturales no quebrantan la lealtad entre los esposos sino que pueden reafirmarla mediante la mutua confianza y la complicidad que supone el poder decir a la persona amada las fantasías y deseos frustrados que se tienen. Así dejarán de ser frustrantes, dejarán de ser un lastre oculto que iría minando su amor y su confianza.

Una vez aceptado que el compartir sus propias fantasías puede ser positivo para su unión y también ayudarles a ampliar sus niveles de gozo y de placer, sólo queda el vivirlas y experimentarlas juntos como un juego más que sirve para aumentar el nivel de estímulo, gozo e incluso de afinidad o unión entre la pareja.

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© Francisco Pedro Torres Perales. http://escueladeamor.es