Platón decía que la búsqueda del amor es la necesidad de Dios, de la Totalidad y realmente nos acercamos a los demás deseando llenar nuestros vacíos y satisfacer nuestras necesidades.

Como seres sociales y animales mamíferos que somos, necesitamos del cariño, la ternura, la solidaridad, la comprensión, el compartir nuestra intimidad y del contacto físico con los demás.
 
Ésta es una de las cosas que más claramente buscamos en las relaciones con los demás y especialmente en las de pareja, lo que todo el mundo espera y desea: darse placer, cariño, solidaridad y comprensión mutua.
 
Si éste fuese el único sentido de las relaciones humanas, creedme que no serían tan difíciles porque compartir lo agradable no es algo que suela plantear muchos problemas pero las relaciones encierran algo mucho más profundo que no todo el mundo comprende.
 
El sentido profundo y espiritual de las relaciones importantes que mantenemos en la vida y especialmente las de pareja, es el de AYUDARNOS A CONOCERNOS MEJOR MEDIANTE LA RELACIÓN CON LOS OTROS para que este conocimiento nos de más recursos para superarnos como personas.
 
Si todo lo importante que sucede en tu vida, lo negativo e incluso lo positivo, tiene el sentido de hacerte evolucionar y crecer, el campo de las relaciones es el territorio más adecuado y más fascinante para que este crecimiento pueda suceder. ¿Por qué?
 
Porque si buscamos a los demás para sentirnos más completos, es en ese mágico encuentro el que nos hace conscientes de todo lo que nos falta, saliendo a relucir con mucha más facilidad NUESTRA VULNERABILIDAD Y NUESTRAS EXPECTATIVAS.
 
Esto es especialmente cierto en las relaciones íntimas donde se produce un profundo intercambio emocional.
 
Frente a nuestra pareja nos desnudamos totalmente pero no solo de la ropa sino de todas nuestras máscaras y estrategias sociales y, como nos mostramos tal y como somos, tenemos una oportunidad increíble de conocernos realmente, porque gracias a ese intercambio emocional que se produce vamos a poder expresar más libremente las emociones más profundas y enterradas que hay en nosotros.
 
Entonces es cuando se producen las grandes sorpresas, los grandes conflictos y también las grandes oportunidades en la vida de pareja…
 
Porque cuando le decimos a nuestra pareja “yo no pensaba que tú fueras así” deberíamos también darnos cuenta que “tampoco pensábamos que nosotros fuéramos así”…
 
La más grande de las confusiones y los más dolorosos conflictos, surgen en este proceso mutuo de ayudarse a sanarse, de ayudarse a crecer porque esperando tanta felicidad y placer en la vida de pareja –por unas falsas expectativas culturales-  al tener que afrontar esos desafíos evolutivos, podemos llegar a pensar que algo fracasa  en  nuestra vida de pareja porque todo no es el oasis de paz, armonía y placer con que nos venden el amor en los cuentos de irreales  príncipes azules.
 
Todo proceso de crecimiento requiere un cierto esfuerzo y muchas veces, también algo de dolor; pero el conflicto y el sufrimiento pueden ser infinitos cuando nos empeñamos en que sea nuestra pareja quien cambie y crezca, olvidándonos de que nosotros también lo debemos hacer y no podemos pedir a nuestra pareja que, por ejemplo nos comprenda más, si no somos capaces de comprender sus dificultades para comprendernos; es decir no podemos pedirla que sea comprensiva si nosotros no lo somos.
 
Otra de las causas que aumentan la confusión y el sufrimiento es pensar que el dolor que sentimos ante un conflicto nos lo está causando totalmente nuestra pareja, cuando ese dolor procede en su inmensa mayoría de viejas heridas enterradas en nuestra alma que la relación simplemente saca a la luz para que sean sanadas.
 
Sanación que es imposible mientras hagamos a nuestra pareja culpable de nuestro dolor, cuando estaba ya ahí, enterrado en el subconsciente mucho antes de conocerla.
 
Pero si soy capaz de reconocer que el dolor que siento no es el que me produces tú sino el del Niño Herido que hay dentro de mí, entonces es cuando la magia de nuestro amor nos puede sanar a los dos.
 
Naturalmente que esto supone una revolución mental a la hora de abordar las relaciones : ABRIR NUEVOS CAMINOS EN EL BOSQUE DE LA MENTE que nos acerquen al verdadero sentido espiritual de las relaciones.
 
Al final de ese camino no hay sufrimiento, no hay conflicto aunque sí un esfuerzo y un gozo permanentes, por sentir que por fin nuestras relaciones son todo lo mágicas y maravillosas como las habíamos soñado, que por fin nuestras relaciones nos acercan realmente a Dios porque nos ayudan a encontrar el Dios que llevamos dentro…
 
Y de esta habilidad para crear relaciones mágicas en tu vida –sean de pareja o no- es de lo que trata el intensivo que planeamos para final de febrero; para los que no podáis asistir, que por la distancia sois la inmensa mayoría, os digo que comencéis por trabajaros este fundamental concepto: EL SENTIDO DE LAS RELACIONES ES AYUDARTE A CRECER y desde este postulado todas las relaciones son positivas, incluso las que fracasan porque lo que debes plantearte en cada relación que tengas, no es solamente lo feliz o infeliz que eres sino todo lo que has podido aprender, qué ha significado para ti esa relación que tuviste o que tienes.
 
Mientras que una relación te haga crecer y aprender, es siempre positiva aunque tenga dificultades pero cuando te sientas estancado es tiempo de renovarse o de morir…
 
No porque goces más o menos con ella sino simplemente porque ha perdido su verdadero y espiritual sentido.

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© Francisco Pedro Torres Perales