Hubo una vez un presidente de los estados unidos llamado Calvin Coolidge del que se cuenta una anécdota sexual muy significativa. Estaba visitando junto a su esposa una granja. Cuando la mujer paso junto a gallinero vio a un gallo copulando con una gallina y le preguntó al granjero por la frecuencia con que el gallo lo hacía.
El granjero respondió que docenas de veces al día.

La mujer miró con cierta envida al animal sin poder entender que un simple gallo fuese mucho más fogoso que todo un presidente de los Estados Unidos y, con la intención de animar a su cónyuge de una forma discreta, le dijo al granjero en privado:
-Haga el favor de contarle esto al presidente-
Cuando pasó por la misma zona el presidente, el granjero aprovechó para comentarle la fogosidad del gallo pero el avispado Coolidge, sabiendo que era una indirecta de su señora, le comentó al granjero:
– Muy bien, es estupendo, ¿pero lo hace siempre con la misma gallina?.
– No señor, cada vez con una diferente- le respondió el granjero
– Pues dígale esto a mi señora -le dijo el presidente.

Desde entonces se conoce como Efecto Coolidge a la capacidad de los machos de excitarse siempre que aparecen nuevas hembras.

De la Sexualidad Masculina

Ciertamente los hombres tienen una sexualidad ligeramente diferente a las mujeres y no es solamente por sus mayores niveles de teosterona, la hormona del deseo sexual que biológicamente les hace desear más y estar siempre más dispuestos al sexo, sino también por su propia configuración sexual y su educación.
Los hombres tienen sus genitales al aire, colgando y a plena vista de todos si están desnudos pero sobre todo de ellos mismos. Los órganos sexuales de las mujeres están más bien escondidos aunque ellas estén también desnudas.

Esto no es anecdótico sino que es todo un símbolo de la diferente forma de vivir la sexualidad y de sus diferentes capacidades. Así, la sexualidad masculina es externa, activa, agresiva, de respuesta rápida, muy poderosa pero un tanto efímera; mientras que la sexualidad femenina es interna, profunda, más lenta pero más permanente; puede ser y de hecho es más poderosa que la de los varones cuando es despertada.

Es como si fuesen a correr una carrera un corredor especializado en los cien metros lisos y otro que practica el maratón. El primero saldrá disparado y parecerá al principio más fuerte y más rápido porque dejará muy atrás al segundo, pero cuando lleve unos cuantos kilómetros se habrá agotado mientras que el segundo estará comenzando a ponerse a tono.

Esto no quiere decir que no haya mujeres muy rápidas en su respuesta sexual y que pueden excitarse muy rápidamente; pero en general puede haber una diferencia de ritmos y de profundidad en cuanto al enfoque sexual entre ambos sexos y como las diferencias entre las personas, no sólo las sexuales, están para mutuamente enriquecernos y no para pelearnos; tanto hombres como mujeres podemos enriquecer nuestro mundo sexual sabiendo ver y asumir los postulados del sexo opuesto.
Esto nos dará más fuerza sexual, más magnetismo y capacidad para entender al otro sexo y para disfrutar juntos pero también más equilibrio persona porque, al fin y al cabo, todos tenemos los dos sexos dentro de nosotros, todos tenemos la doble polaridad masculina y femenina, yang y ying.

El Tantra enseña a los amantes a disfrutar de su mutua polaridad y a saber intercambiar los roles sexuales para enriquecer la vida erótica y afectiva de la pareja, pero también para hacerlos más completos como personas.

Así, el hombre puede hacer su sexualidad más profunda y no dejarse llevar por su instinto a la promiscuidad mientras la mujer puede hacer su sexualidad más activa y comprometida, para no estar siempre pendiente de necesitar un gran amante para ser feliz y satisfecha sexualmente; además de que con su mayor compromiso y actividad puede excitar más y ayudar a su compañero sexual.

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