El despertar de los poderes psíquicos de José, le hace tener la habilidad de salir en cuerpo astral y tener encuentros con mujeres sin que puedan verlo pero si sentir sus toques, su energía, sus caricias. Sus aventuras en la dimensión astral, nos desvelan nuevos paisajes eróticos, como el siguiente:

El amante sin cuerpo

Desnuda y tumbada sobre la cama, cubierta por las suaves sábanas, Roxana se ha ido a su mente y reflexiones, dejando a un lado su cuerpo encendido y caliente, cuando de repente, nota que la habitación se está llenando de un aroma, de un olor especial que entra muy dentro de ella, moviendo recuerdos grabados en lo profundo.
Ese olor lo ha percibido en algún hombre que estaba con ella de una forma muy intensa, cuando el amor, la emoción y el gozo, hace que los varones destilen sus elixires y ahora, de una forma misteriosa, ella lo está oliendo como si surgiese de lo profundo de sus recuerdos, pero no es algo que esté en su mente sino que se percibe fuera, y le llega desde algún lugar misterioso.
Siente como una brisa moviéndose bajo las sábanas, deslizándose muy suave, como una sutil caricia abarcando todo su cuerpo. Eso es lo más desconcertante, no es que lo perciba en una parte en concreto sino por toda su piel a la vez. Desde los pies a la cabeza, cada uno de sus poros siente el suave roce, y un misterioso y dulce estremecimiento recorriendo su piel. Es tan real y evidente, que hasta levanta las sábanas para ver si hay algo, pero no ve nada.
Vuelve a reclinarse en el colchón, tratando de relajarse, pero enseguida siente como dos manos muy suaves subiendo por sus piernas, acariciándola tan sensualmente, que antes de que lleguen allí, siente su calor en el sexo.
Se medio incorpora en la cama, agita las sábanas como ventilándolas, pero al volver a acostarse, de nuevo las suaves caricias invisibles. Son tan reales, que se levanta del lecho, enciende todas las luces, y descubre las mantas y sábanas, pensando que dentro tiene que haber algún bicho.
Está inclinada sobre la cama, con su fino camisón negro de seda, examinando detalladamente cada centímetro de la sábana bajera, porque está segura que debe haber algo, cuando siente que las faldas van subiendo solas lentamente, y unas manos firmes y suaves tocándola el culo. Sorprendida, se vuelve y como ya no puede aguantar más, exclama.

  • ¡Pero vamos a ver! ¿Qué pasa aquí? ¡Me parece que estoy más caliente que una mona o me estoy volviendo loca! -exclama Roxana ante ella misma, totalmente sorprendida por lo que está pasando.

Se sienta sobre la cama con todas las luces luciendo, e instintivamente mira por todas partes, como si tuviese la sensación de que en su cuarto hay alguien; entonces empieza a sentir mucho calor en su espalda, el aire cálido de una invisible respiración, impregnada de ese olor de hombre amante que tan bien conoce, y tanto la conmociona.
Se da cuenta que no puede ser solo su cuerpo quien inventa lo que siente, porque tiene la certeza de que hay alguien tras ella, una vibración cálida y viril que estremece cada poro de su piel. Ahora percibe cómo ese ser la envuelve en su energía y la abraza por detrás. Siente su calor, su aroma, y la vibración que irradia como una caricia intensa y profunda que la va calando y calando hasta muy dentro, excitando cada poro de su piel, cada una de sus células.
Durante un tiempo su mente viaja por los diferentes pensamientos que le inspira lo que ocurre. Quizá podría apartarse y cortar ese misterioso influjo, o quizá no pueda hacer nada por evitarlo, porque al fin y al cabo, quien quiera que sea, ha entrado sin llamar ni tener que abrir la puerta, y está ahí, sin que ella pueda verlo, ni impedirlo.