Miramos con  los ojos pero es nuestra mente quien ve. Distintas personas pueden estar viendo la misma escena y cada una ver algo distinto. ¿Por qué esa diferencia? Porque hay una tendencia innata en todos nosotros y es la de ver aquello que deseamos ver o aquello que tememos ver.

 

Si tienes delante algo parecido a lo que deseas, tenderás a ver eso y si tienes algo parecido a lo que temes, tenderás a ver tu temor.

 

Es lo que le sucede a quien afanosamente busca un diamante en el Bosque de la Vida. Se acercará a todo lo que brille, a todo lo que resplandezca bajo la luz del sol. Quizá al aproximarse más descubra que no es la joya que busca. Entonces puede quedarse con su decepción y sentirse frustrado, o darse cuenta que en la Vida hay muchas más cosas que también brillan y merecen la pena, aunque no sean exactamente lo que busca; así el camino siempre será enriquecedor porque habrá descubierto cosas que ni esperaba.

Su caminar no se limita a lo que busca sino que se abre a lo que encuentra, así en vez de limitarse, enriquece su vida.


Otras veces vamos caminando y cuando llega la Noche, las sombras tejen con las ramas de los árboles fantasmas que nos asustan, fantasmas que no existen más que en nuestra mente porque lo que vemos son solo espejismos que trazan la Noche y sus sombras.

 

Puedes quedarte con tu miedo y huir de lo que te asusta pero entonces no podrás comprobar que lo que temes no es real sino un mero espejismo de la Noche y sus sombras.

 

En las relaciones nos pasa lo mismo. Cuando se desea el amor, tendemos a ilusionarnos con los demás buscando ese brillo en su mirada que anuncia el resplandor del amor. Tendemos a ver en cualquier reflejo del otro el brillo de lo que nos gusta, de lo que deseamos en el amor.

 

Así es como nos enamoramos, mirando a la persona para ver lo que en realidad deseamos.

 

Cuando nos acercamos a ella, es decir, cuando empezamos a conocerla realmente, quizá descubramos que no es como en realidad la hemos imaginado. Puede que entonces sintamos la decepción o el rechazo o puede que, tras aceptarla tal y como es, comencemos realmente a amarla.

 

Si vamos caminando temiendo el amor y cuando eso sucede es porque antes hemos sido dañados,  miraremos a los demás buscando reconocer esa amenaza en su mirada que nos recuerde el dolor que hemos vivido.

 

Así es como nos apartamos, nos aislamos, nos encerramos en nuestros miedos, mirando a las  personas para ver lo que en realidad tememos y no lo que en realidad son.

 

Es cierto que miramos con los ojos pero es nuestra mente quien ve. Así, en nuestras relaciones con los demás, tendemos a ver lo que hay dentro de nuestra mente, tendemos a ver un reflejo de nosotros mismos, de nuestros deseos y expectativas o de nuestros miedos y nuestros fantasmas, tendemos a ver reflejos de nosotros mismos más que la realidad del otro, la realidad de la vida.

 

La mayoría de la gente no puede ver más allá de sí mismos y por lo tanto no pueden ver al otro pero el camino del Tantra es el camino de la conciencia, del darse cuenta y cuando llevas la conciencia a tus relaciones, te das cuenta que cada relación que estableces te ayuda a crecer, te aporta un conocimiento, una experiencia más de ti mismo, de la vida y de los demás.

 

Así, cada relación te hace más grande, amplia el conocimiento que tienes de ti mismo y de los demás, te da más experiencia, más sabiduría y te hace crecer. Todas las relaciones son entonces mágicas, todas tienen sentido porque cuando sufres te das cuenta del por qué y no vuelves a sufrir más y cuando gozas te das cuenta de que sólo ha bastado que te permitas el amar.

 

Y así vas creciendo, vas avanzando, descubriendo cosas de ti y cosas del otro, hasta que al final descubres que el diamante del amor que buscas, llevaba todo el tiempo dentro de ti.

 

Querida alma mía
Hay algo mágico dentro de ti.
Algo lleno de fuerza y de belleza.
Cuando tu mente está turbada no puedes sentirlo
Cuando miras fuera llena de expectativas no puedes verlo
Cuando estás pendiente del otro no puedes escucharlo
Cuando sufres esperando que te comprendan no puedes sentir su consuelo y su compañía.

Querida alma mía
No dejes que nadie te turbe
Renueva tu compromiso con la Vida
Y busca la fuerza y la belleza dentro de ti.

La Vida es siempre la búsqueda del equilibrio
Si quieres recibir tienes también que dar
No te preocupes tanto de lo que el otro tiene que darte
Sino de lo que tú tienes que aportar a la Vida.

Si quieres que la Vida te dé cosas tienes que aportar cosas a la Vida.
Si quieres recibir belleza tienes que buscar belleza dentro de ti para ofrecerla
Si quieres que te comprendan tienes que aportar comprensión y comprenderte tú
Si quieres que te den fuerza tienes que aportar fuerza buscándola dentro de ti.

Si quieres que te den placer tienes que saber darte placer, cuidando, amando y gozando de tu cuerpo.

Querida alma mía
¿Qué estás esperando?
¿Por qué dejas que se escapen uno a uno los días de tu vida como si fuesen a volver en primavera?
Nadie va a venir a regalarte la Felicidad si tú mismo no luchas por ella.
Si crees en la magia que hay en ti
La Vida será mágica para ti.
Si crees que mereces ser feliz
Entonces lo serás
Sólo tienes que dejar atrás aquello que te limita
Sólo tienes que dejar atrás aquellos que te limitan
Y encontrar la verdadera grandeza que hay en ti.

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©Francisco Pedro Torres Perales