Los bioquímicos y neurólogos están empeñados en encontrar una explicación para todas las cosas que nos pasan, incluidas las llamadas “locuras de amor”, es decir, cuando nos sentimos atraídos y excitados irremediablemente por alguien y experimentamos durante un tiempo más o menos largo pero, generalmente demasiado breve, toda la gloria y el vértigo de sentirnos enamorados.

Es cierto que durante esos momentos nuestro cuerpo segrega unas cuantas sustancias psicoactivas que como drogas naturales son las causantes de esa euforia que viven los enamorados pero lo que nadie ha explicado todavía es por qué todos esos sentimientos y “sus sustancias asociadas” se despiertan solamente con alguna o algunas personas a lo largo de toda la vida y por qué no sucede, como podría esperarse, con cualquier persona que nos sea agradable.

Es cierto que la euforia del amor puede ser debida a esas sustancias pero lo que también está claro es que algo muy dentro de nosotros tiene la facultad de abrir el grifo o también de cerrarlo.

Imaginaros que de una forma consciente y voluntaria aprendiéramos a regular esa compuerta de la felicidad y pudiéramos vivir de una forma cotidiana esa maravillosa plenitud por nosotros mismos sin tener que depender de nadie. Quizá entonces seriamos semejantes a los Dioses y entonces nuestra vida sería totalmente mágica…..

O quizá la magia de la vida consista en que eso sucede no cuando nosotros queremos sino cuando menos lo esperamos…

La verdad de la verdad nunca se sabe pero sí sabemos cuales son las sustancias que intervienen cuando dentro de nosotros sentimos esa magia, esa euforia, esa gloriosa y gozosa fuerza de sentir nuestro cuerpo inundado por los amorosos olores.

Las Feromonas o drogas sexuales

Estas drogas naturales son segregadas tanto por hombres y mujeres, deben tener un penetrante olor porque aunque no se percibe de una forma consciente estimulan la vitalidad y el deseo sexuales, además de mejorar la fertilidad, aliviar los síntomas de la menopausia y tener efectos vitalizadores y estimulantes.

Estas feromonas son expulsadas también fuera del cuerpo mediante el sudor produciendo los característicos olores sexuales y aún así siguen teniendo muchos méritos como han demostrado unos curiosos estudios hechos entre mujeres cuya menstruación era muy irregular y que pudieron normalizarla “aspirando” los olores naturales del cuerpo masculino con toda su carga de feromonas.

Si las hormonas son algo así como la droga del sexo porque nos invita a ello, para producirlas no hay nada mejor que el sexo puesto que haciendo el amor al menos una vez a la semana se ayuda a la producción de estas sustancias.

Cuando hay alguien, sea hombre o mujer, con un alto contenido de feromonas, las personas con quienes se relaciona pueden oler sus feromonas aunque no se den cuenta, gracias a unas células nerviosas que por detrás de la nariz. Sí, pueden olerlas aunque no se den cuenta conscientemente pero algo dentro de su cerebro sí.

Quizá por esto algunas personas nos parezcan más sexys que otras o también podemos percibir que alguien está en un momento más sensual que de costumbre. Este chollo biológico ha sido explotado por la industria cosmética que las produce sintéticamente y regando con ellas todo tipo de productos y cremas, quieren erotizarnos la vida pero me parece que, tanto en este aspecto como en otros muchos, como lo natural no hay nada.

Por eso más que regarnos de artificiales olores, lo ideal es aprender a producir y segregar por nosotros mismos estas sustancias responsables de la felicidad y el placer. ¿Cómo?… Aprendiendo a pensar positivamente Amándonos más a nosotros mismos Amando más a la vida y sintiendo el agradecimiento de estar vivos. Y en cuanto a las feromonas sexuales….


Pensando en sexy y practicando el sexo… Y es que en el mundo del sexo, de la felicidad y el gozo, le pasa lo mismo que al mundo del dinero: El dinero llama al dinero y la miseria a la miseria. El amor llama al amor y el resentimiento y la amargura, llama a la enfermedad y la depresión. Yo no sé cómo andaréis de dinero pero dentro de vuestra mente y de vuestro corazón tenéis el hermoso grifo de la felicidad, sólo es necesario atreverse a abrirlo.

 


 

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© Francisco Pedro Torres Perales. http://escueladeamor.es