El primero y más evidente es el de generar más energía, vitalidad, salud y revitalización de los cuerpos de ambos amantes.

El Tantra debidamente practicado cura, regenera, rejuvenece o ayuda a mantenerse joven, vitaliza y aporta mucha energía para la vida cotidiana, más magnetismo y poder personal.

Como camino de Autoconocimiento y superación personal, la práctica del Tantra aumenta la autoestima, la sensación de valía personal, la capacidad para vivir en el aquí y el ahora, de tomar decisiones y buscar la armonía.

Ayuda a curar y sanar las heridas emocionales y los bloqueos psíquicos que se puedan tener ya que la invocación continua del amor, el amar a la vida y la permanencia consciente en sensaciones de plenitud y gozo, aumentan y potencian la consciencia de que la vida puede ser realmente bella y agradable con nosotros.

Ayuda a una mejor comunicación con nuestro subconsciente, a desarrollar los sentidos psíquicos, a mejorar la calidad de nuestros sueños, a desarrollar la intuición y la clarividencia.
El Tantra tiene una visión global del ser humano, es un camino que trasciende la dualidad y por lo tanto ayuda a armonizarse al ser humano, a fusionar en cada uno lo intelectual con lo intuitivo, lo emocional con lo racional.

La práctica de canalizar la energía sexual y reconducirla al cerebro es una poderosa estimulación neuronal, por lo que aumenta la eficacia mental, armoniza los dos hemisferios del cerebro. el desarrollo de la intuición, los sentidos psíquicos y la capacidad de comunicación con el subconsciente.

Por último y aunque es el más evidente aumenta la capacidad sexual, la capacidad de gozar del sexo pero también de controlarlo y no dejarnos llevar por actitudes sexuales o situaciones que no nos convienen. La actitud tántrica de respeto hacia la pareja, hacia la mujer y las personas en general es el mejor antídoto contra la violencia sexual tan extendida hoy día.

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© Francisco Torres Perales