¿Tiene tu vida un propósito? La persona que tiene un propósito de vida, consigue lo que quiere.

– Tu mente está tan agitada como las aguas que estás contemplado -exclama de repente Tara, rompiendo el silencio.
José abre enseguida los ojos y la mira.
– ¿Cómo lo sabes? He permanecido en total silencio.
– Me lo ha dicho el Río. Me ha contado la inquietud de tus pensamientos. ¿Y a ti? ¿Qué te ha revelado?
La verdad es que tienes razón. He estado muy disperso, me temo que no he escuchado nada.
– ¿Tampoco has visto nada? ¿No has estado contemplando el río?
– Sí. Durante horas. Estaba ahí delante, no había otro sitio que mirar.
– ¿Y qué has visto? Miras al río y ¿no ves nada?
– Sí. Veo el agua fluir hacia el valle, las cascadas, algún pájaro que se acerca a beber en sus orillas.
– Cierto. El río siempre va hacia abajo. Nunca se detiene, no pierde su norte y sentido. ¿Sabes por qué? Porque nada le distrae de su propósito. Tiene la meta de llegar al mar, y nada le hace olvidarlo. El mar está siempre abajo, por eso el río desciende, buscando el camino más fácil, la línea de menor resistencia, porque no puede entretenerse ni gastar su energía, en nada que no sea su propósito. Bajar. Fluir hacia el mar. La mayoría de las personas no tienen un propósito en la vida, no saben que están aquí para algo. Otros lo sospechan, pero se distraen con muchas cosas que los sacan de su cauce. Los hay que conocen su propósito, y se lanzan al Río de la Vida para conseguirlo, pero se estrellan, una y otra vez, contra las piedras que hay en el camino. Creen que son obstáculos, algo que les impide seguir, y se lanzan a luchar contra las rocas. En ese conflicto pierden su tiempo, su energía, y olvidan su propósito, porque apartar las rocas no es su meta. Ellas no son enemigas, ni quieren impedir el paso del río. Simplemente están ahí. El Río lo sabe, y no pierde el tiempo tratando de que desaparezcan, no pierde su sentido y energía luchando contra ellas. No hace ninguna falta. El Río acepta que las rocas, los obstáculos, las dudas y los miedos están ahí, son parte del camino, de su cauce, pero en vez de luchar contra ellas, las bordea sin entrar conflicto, para poder encontrar el lugar más fácil, de mínima resistencia, por donde pasar y seguir hacia el mar. Ese es el secreto del Río. Toma la sabiduría que te ofrece. Acepta los obstáculos, miedos y dudas que tengas, pero no los alimentes, no entres en conflicto, y sigue siempre adelante, buscando el camino más fácil para pasar.  No hagas tuyos los problemas de los demás. No pierdas tu tiempo y energía tratando de convencerlos, que te den la razón o bendigan tus actos. Nadie puede darte tu certeza, la tienes que tener tú, al margen de los demás. Cuando alguien tiene esa determinación, ya nadie puede impedirle cumplir su destino.
Tara hace una pausa en su discurso, y mira a José tratando de ver sus pensamientos, lo que siente con lo que ella está diciendo, José mira el río buscando en sus impetuosas aguas, su sentido y su propósito. Tras un rato, Tara continua hablando.
– Voy a dejarte solo durante unos días para que el río pueda contarte cosas.
– Ya me ha dicho mucho, que no olvide mi propósito, ni haga caso a las dudas, y las rocas de las dificultades y obstáculos.
– ¿Y cuál es tu propósito?
– El mismo desde el primer día que llegué aquí. Amarte. Poder llegar al mar de tu cuerpo, tu alma, tu amor y tus besos.
– Entonces tu propósito está casi cumplido. Mi amor lo tienes y tu amor está vivo, solo te falta llegar a mi cuerpo.
– Sí. Eso quiero, pero no sé cómo hacerlo. Esa roca ha estado siempre en medio, pero ya no impide que mi amor fluya hacia ti.
– Aunque nunca puedas tocarme, ni hacerme tuya, aunque solo compartamos retazos del destino, y no puedas dormir conmigo para reconfortarnos en el camino. ¿Crees que a pesar de todo, podrás seguir amándome?
– Claro que sí. Todo eso son solo piedras que el río bordea.
– El amor que sientes por mí te hace grande, porque es grande y luminoso, lleno de esa pureza que me ofreces. Dará fuerza a tu vida para cumplir tu propósito.
– Mi propósito es poder amarte a ti. Ya lo sabes.
– El sentido de la vida de una persona no puede ser amar a alguien en concreto, sino el amor. Si el amor que sientes por mí, te instala en la vibración del amor, y te hace amar y sentir la vida desde tu corazón; eso es bueno para ti y te hace grande, pero si lo que sientes por mí, te limita y te encierra en mí; eso no es bueno para nadie.
– No entiendo bien lo que dices. El propósito de todo enamorado, es poder amar a quien ama. No piensa en otra cosa.
– El enamorado cree que amar a quien ama, es lo que le hace feliz, pero no es así. Lo que realmente le da la dicha es poder amar, y la persona de la que se enamora es solo una excusa para que su amor brote. Eso es lo que le hace feliz, sentir su amor que surge de su interior, pero el amor no es algo limitado a la persona de la que se enamora, sino que debe estar presente en su vida. El amor siempre está en ti. Tú eres amor. Nadie te lo da. Nadie te lo quita. Enamorarse es ilusionarse con alguien que supones ideal para ti. Esa ilusión es la que te estimula y despierta el amor que tienes dentro. Desenamorarse, es desilusionarse porque ya no ves a esa persona ideal para ti, y como deja de estimularte, e incluso hasta puede defraudarte, el amor deja de surgir de ti; pero nadie se lo lleva, sigue dentro de ti, esperando una oportunidad para volver a surgir. Por eso, tu propósito no puede ser amarme a mí, sino instalarte en el amor, en el amor hacia ti, hacia la vida y el resto de los seres humanos. Esa es la verdadera meta. Si el amor que sientes por mí, te ayuda a llegar allí, entonces perfecto, porque será un camino hacia tu plenitud, pero si te limita y encierra en mí, es un sendero hacia tu frustración y desgracia.
– Lo que me estás diciendo es que antes de aspirar al amor de alguien en concreto, tenemos que instalarnos en el amor, amando a la Vida, actuando con corazón y con belleza.
– Sí, eso es lo que quiero transmitirte. De la misma manera que el enamorado da lo mejor de él mismo a quien ama; el enamorado de la Vida, da lo mejor de sí en todos sus actos, porque tienen el propósito de servir a la Vida. Eso le hace mucho más grande y más valioso, porque no se limita con nadie, y su amor llega a más sitios.
– Pero aunque ame a la Vida, también puedo amarte a ti.
– Claro, pero lo primero es más necesario para que pueda darse realmente lo segundo. ¿Tú me amas verdad?
– Sí. Es lo que mi corazón siente.
– ¿A qué estarías dispuesto para lograr mi amor?
– A todo. Me daría a ti totalmente.
– Quieres darte del todo a mí, pero no te das a la Vida totalmente. Ese es el problema. Durante tu tiempo aquí has demostrado muchos valores, y llegado más lejos que ninguno de tus compañeros, pero sin dar nunca todo lo que hay en ti. Es como si lo mejor que tienes, no se atreviese a surgir por miedo a ser grande, o no tener la certeza suficiente. Ya es hora que resuelvas las dudas de tu destino, y encuentres tu verdadero propósito. Yo no deseo que me lo des todo a mí, quiero que tú te des totalmente en cada uno de tus actos, entonces sí que me darás a mí lo mejor de ti, porque se lo das a la vida.
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