El entrenamiento de José con Tara nos deja escenas deliciosas como la del masaje mientras le cuenta la leyenda del dragón y la masturbación que le hacen. Esta es una pequeña parte.

 

José está viendo a Perfume de Jade, desnuda y maravillosa, viajando como un cuerpo de luna por entre su negra cabellera. Tara está masajeando y perfumando sus cabellos. Él siente su cabeza como si fuese el mismísimo cielo, por donde se pasean desnudas, todas las diosas.
Cuando Perfume de Jade llegó a la salida del bosque, las sedosas hierbas le dijeron:
Este es el camino, el Sendero de las Piedras Celestes te llevará hasta las Montañas Oscuras, tienes que atravesar un estrecho desfiladero, y al otro lado, vive el dragón que buscas. Ahora debes seguir esta senda, procura pisar fuerte y nunca perderla.

Perfume de Jade se vistió, y comenzó a atravesar la gran llanura que se extendía hasta el infinito. Era una pradera de hierbas cortas y jugosas entre las que convivían grupos de florecillas. Todo el paisaje parecía igual, salvo que en el centro había una pequeña cadena de suaves colinas que parecía no tener fin, y por donde discurría un camino de piedras suaves y blancas como el marfil. Era el Sendero de las Piedras Celestes. Perfume de Jade trató de caminar como le habían dicho, pisando fuerte, marcando muy bien, cada uno de sus pasos.

José está viendo el Sendero de las Piedras Celestes, siente los pies descalzos de Perfume de Jade caminando por su espina dorsal, el mágico camino que une la cabeza con el sexo. Tara masajea una a una todas sus vértebras, y extiende sus caricias más firmes por los alrededores, pisando fuerte como lo hace Perfume de Jade, mientras que continúa con su historia.

Perfume de Jade no podía avanzar mucho, en cuanto daba unos pasos por el camino de las piedras blancas, ellas, como si estuviesen vivas, se estremecían, haciendo que perdiese el equilibrio –cuenta Tara mientras la presión de sus dedos, alarga el masaje hacia los alrededores del espinazo.

¿Por qué no me dejáis continuar mi camino? Tengo una misión importante que cumplir –grita Tara imitando la voz de Perfume de Jade.

Somos parte del sendero, no puedes seguir adelante si antes no pronuncias las palabras secretas, y cantas y bailas para nosotras –responden a coro las Piedras Celestes.

Entonces Tara se tumba desnuda sobre la espalda de José, y acercando su boca a la nuca de él, sigue narrando su historia.

Perfume de Jade se acercó a la primera gran piedra donde comenzaba el mágico sendero, y gritó la palabra secreta. ¡Yyyaaaaaayyeeeeehhh!

En medio de su relato, Tara da vigorosos lametones en el cuello de José, chupándole e irradiando su aliento. Él siente una poderosa vibración entrando por su nuca con la voz mágica de Tara, y a medida que ella grita y susurra tan pegada a su piel, José se estremece con ese fluido intenso y caliente que le entra con su voz, y que va descendiendo por su columna vertebral, que parece arder con ese fuego líquido que la recorre por completo.

Después, Tara comienza a deslizar suavemente su cuerpo, frotándose desnuda con el de José. Cuando siente su pubis y sexo presionando sus nalgas, un flujo de energía que sale de ella, le penetra por el ano, y José siente que le embargan intensas sensaciones sensuales. Su culo comienza a temblar, y por el ojete, le sube cada vez más calor, un fuego intenso que, entrando por ahí, y a través de su columna, comienza a subir por su espalda.

Ella se levanta un poco haciendo el roce más suave, y José percibe la punta de sus pezones, y las pinceladas de sus cabellos, dibujando fantásticas historias en la piel que se estremece, mientras continua con el relato.

El camino se le hacía largo a Perfume de Jade, se le agotaron las provisiones, y cansada como estaba, se sentó para tomar un respiro.

Tara se ha aposentado ahora sobre el trasero de José, con sus prietas y suaves nalgas presionando las suyas. Con un hábil movimiento de sus glúteos, Tara abre y cierra su esfínter al compás de su respiración, y ese movimiento de ella, estimula el trasero de José, que termina haciendo lo mismo.

Siente un fluido energético, caliente y excitante, saliendo del culo de ella y entrando por su ano. Todo su trasero empieza a calentarse con esa intensidad que le va entrando, que le penetra por el ojete, llenándole de turbadoras sensaciones. No puede creerse lo que esa mujer le hace y él está sintiendo. Ese chorro de calor que le sale del culo y que entra por el suyo, es totalmente desconcertante; pero más allá de esa turbación inicial, está empezando a sentir un intenso y extraño placer, llenando sus glúteos y su ano, que a veces se abre solo, como queriendo dejar pasar esa intensidad que le penetra.

Desde el culo hacia arriba, una poderosa excitación va extendiéndose por su cuerpo, subiendo, como un río de fuego, por su columna vertebral, ascendiendo, como en llamaradas, hasta lo alto de su cabeza.

Hay un momento mágico, en que ese chorro de energía que de ella le viene, une los dos cuerpos como uno solo, como si las dos columnas vertebrales se fusionasen en un único circuito, que conectase sus cuerpos y sus cerebros. Acoplados sus canales, quedan unidas sus mentes, y Tara sigue contando su historia sin necesidad de palabras, porque todo lo que ella quiere decirle, José lo ve y siente, nítidamente, en su mente.

Como Perfume de Jade no se movía, le preguntaron las Piedras Celestes.

¿Por qué te has parado y no continuas tu camino?

Estoy cansada, tengo hambre, sed y nada con qué reponerme -contestó la joven.

No te preocupes, toma de la tierra todo lo que necesites. Desde la Fuente Oscura hasta las Puertas de la Luz, tendrás toda el agua y alimentos precisos. -le respondieron ellas.

Perfume de Jade descendió hasta la Fuente Oscura porque tenía mucha sed, y con gran necesidad comenzó a beber -cuenta Tara desde su propia mente, mientras comienza a lamer con gran gusto, las nalgas y el culo de José, en sonoros chupetones.

Él, sorprendido y temeroso, porque nunca le han hecho eso, cierra al principio su virginal trasero, con el mismo recato de una novia pudorosa, a punto de ser desflorada, pero Tara estira sus glúteos, abriendo las Puertas Oscuras plenamente, para que toda la luz del mundo las ilumine, y José ya no puede evitar dejarse llevar, ni que esa lengua estirándose tanto, le penetre hasta lo más profundo.

Por el culo le está entrando un río de fuego luminoso y ardiente, un torrente de gozo intenso, que por su espinazo va subiendo, a medida que Tara asciende lamiendo, lentamente, cada una de sus vértebras, cada una de las piedras del celestial sendero.